Teóricamente no tengo ni un minuto libre y aquí estoy, en una sala de espera en urgencias, esperando a que le hagan una radiografía de nariz a mi padre, en plena alerta naranja por riesgo de lluvias.
Todo es relativo y lo veo claro. Cuando me he despertado hoy me esperaba todo el día cara a la pantalla del ordenador... pero el trabajo no se evapora, te espera para que lo hagas más cansada y en horas inesperadas en las que tu cuerpo pide cama y tu cerebro te impulsa a seguir.
Pero ahora mismo todo está en calma. En el hospital el tiempo y la importancia de las cosas se relativiza. Tomas contacto con el dolor ajeno y piensas en lo que podía haber pasado y aún te consuela saber que se va a resolver con una férula y un poco de tiempo. Todo lo demás puede esperar, y de hecho así será.
Mi agenda de mañana también es relativa. Las alertas climáticas hacen que cualquier cita sea potencialmente anulable, independientemente del tiempo que lleves esperándola...
Y aquí me encuentro, matando el tiempo que no me sobra para luego robar tiempo a otros momentos de mi vida...