miércoles, 4 de febrero de 2009

UNA NOVELA MENTAL


Cuando voy por la calle o en el metro y veo a personas desconocidas, me gusta jugar a adivinar sus vidas. Suelo inventarme sus nombres (hay gente que tiene cara de llamarse de determinada manera ¿no os parece?), y según la alegría o tristeza que se vea en sus rostros, les imagino una situación personal, un trabajo, una familia...

Desde mi punto de vista, la mayoría de la gente con la que te cruzas por la calle es normal, sin embargo, de vez en cuando ves a alguien que llama poderosamente tu atención...

Son ese tipo de personas las que te hacen crear una novela en tu cabeza. Destacan tanto, que todo el mundo las mira cuando entran en el vagón del tren, y les sigue con la mirada cuando se bajan, causando revuelo en ocasiones hasta en los transeúntes que se cruzan por la calle... a veces un simple uniforme unido a una expresión seria y concentrada, es suficiente...

El otro día alcé un rato la vista desde lo más profundo del libro que estoy leyendo y vi frente a mí, de pie, a un hombre muy alto (daba la impresión de rondar los dos metros). Eso de por sí ya sería suficientemente llamativo, pero es que, además, iba vestido de uniforme. No supe identificar de qué era el uniforme (no entiendo de ese tema ¿Qué le vamos a hacer?), pero decidí que era piloto de líneas aéreas. Tenía el gesto serio y la mirada perdida, como si estuviera cansado y pensando en sus cosas (Yo decidí que quizás tuviera algo que ver con el jet-lag). Llevaba una maleta con ruedas que parecía sacada de una película: estaba llena de pegatinas en diferentes idiomas, en las que se leían nombres de ciudades, banderas de países diferentes... y yo imaginé que el piloto, tras un largo vuelo desde cualquier parte del mundo, volvía por fin a casa. No fui capaz de decidir su nombre. Las personas con ese porte habitualmente no se llaman Paco o Pepe... pero decidí que cuando llegara a su casa, iba a tener algún tipo de sorpresa... que tampoco fui capaz de dilucidar si sería buena o mala...

Obviamente, ya no pude concentrarme en la lectura. El piloto no era guapo, ni siquiera me resultaba atractivo, simplemente era un personaje de novela, más que una persona de las que te encuentras por la calle... y casualmente, vive en frente de mi casa.

6 comentarios:

ERTAI dijo...

JEJEJEJE... veo que sigue inventando historias de gente ;-) me acuerdo cuando eramos pequeños que jugabamos a poner nombres a la gernte y a que se dedivcaban... Mira que lo pasabamos bien!!!

Cora dijo...

mola, me ha gustado la imaginación que le echas.. que graciosa.. ;)

Morrigan dijo...

Y... no podria ser un espia que, leyendote, se ha dado cuenta del poder que tienen las redes sociales y quiere entrar en tu blog, como sea y cueste lo que cueste?...
Si por imaginación que no quede.
Besetes

Alana dijo...

jejejej a mi también me pasa igual!!! Cuando voy en el autobús voy analizando a la gente pensando a qué se dedicarán, en qué parada bajarán... el otro día me encontré con una mujer muy muy peculiar y me pasé todo el trayecto vigilándola.

martiks dijo...

pues igual era un pringao segurata de renfe que el muy mangui había robado una maleta descuidada hacía tiempo en la terminal... serio? noooo estaba cansado xq había currado 24 horas seguidas xq tenía guardia y en casa no le esperaba nadie! jajajajaja

Chasky dijo...

Me acuerdo cuando volvía a casa en el tren con una compañera del curro y casi siempre nos inventábamos alguna historia sobre el resto de personas que iban en el vagón.

Generalmente eran paranoias de corte amoroso, nos lo pasábamos pipa.