
Cuando vivía en casa de mis padres, mi hermano y yo nos turnábamos para chatear durante horas después de cenar. A mí me tocaba los martes, jueves y domingos; a él lunes, miércoles y viernes. Yo no me perdía ni uno solo de esos días, que eran mi momento de hablar con la gente que conocía, tanto amigos del barrio (los menos) como ciber-conocidos, y también con mi chico...
Toda esa "socialización cibernética" cayó en picado cuando me casé y nos fuimos a vivir a la casa nueva... Ahora no tengo ni un segundo para chatear y me comunico más por e-mail (que por otra parte siempre me gustó más, porque te permite pensar mejor lo que vas a escribir y expresar claramente lo que deseas; el messenger da lugar a equívocos muchas veces...)
Así que ahora me paso la vida buscando el momento para hablar con mis amigos, con quienes antes tenía comunicación muy fluida... y ya no os cuento mis ciber-amigos, algunos de los cuales tienen la sana costumbre de no contestar a los mails... debe ser que su religión se lo impide...
Yo no soy de las que se apuran por llamar a alguien con quien me apetece hablar aunque hayan pasado varios meses desde la última vez. Tampoco me mosqueo si siempre llamo yo y a mí nunca me llaman, porque, al fin y al cabo también ando muy ocupada y tardo siglos en coger el teléfono para dar señales de vida...
El caso es que la otra tarde, como no lograba concentrarme y no tenía gente en el despacho, me puse el messenger... y en 20 minutos "hablé" con 5 de esas personas a las que siempre quiero llamar y nunca llamo... y el resultado fue impresionante... hacía tiempo que no obtenía tantas noticias juntas en tan poco tiempo y lo mejor es que no he perdido agilidad para manejar 5 conversaciones al mismo tiempo :D En 20 minutos me invitaron a una boda, quedé para cenar, invité a mi prima a mi casa, recibí noticias de un amigo que vive en Italia y me puse más o menos al día con uno de mis ciber-amigos con quien llevaba siglos sin intercambiar caracteres...
¿No es genial la mensajería instantánea?


